
LA GRAN LECCIÓN DE SABIDURÍA DE LOS PUEBLOS ANCESTRALES ES EL CONOCIMIENTO DE QUE TODO ES SAGRADO, Y QUE EL GRAN ESPÍRITU ESTÁ ENTRE NOSOTROS. LA CONEXIÓN CON LO SAGRADO SE OBTIENE POR EL CONOCIMIENTO DE NUESTRO MUNDO Y VERDAD INTERIOR. SOMOS PARTE DE TODA LA CREACIÓN Y TENEMOS UN ESPÍRITU QUE ESTÁ PRESENTE PARA CUMPLIR UNA MISIÓN. ESTE ESPÍRITU, ES EL PUENTE QUE NOS UNE AL CREADOR, EL GRAN MISTÉRIO. HAY UN ORDEN EN EL UNIVERSO QUE REPRESENTA ESA VERDAD, ESE ORDEN ES LA FUERZA DE LA CREACIÓN, CUANDO SOMOS UNO CON ESE ORDEN, ESTAMOS EN EL CORAZÓN DE DIOS, DEL GRAN ESPÍRITU. ESTAMOS CONECTADOS CON EL SONIDO ESENCIAL DE NUESTRA EXISTENCIA. CUANDO CAMINAMOS CON INTEGRIDAD, RESPETANDO Y CUIDANDO LA MADRE TIERRA, NUESTRAS RELACIONES Y AFINIDADES EN LA NATURALEZA, ESTAMOS EN ARMONÍA CON EL ESPIRITU DEL SAGRADO. EN ESTE ESPACIO PONEMOS NUESTRA INTENCIÓN DE AYUDAR A DESPERTAR ESTA CONSCIENCIA ANCESTRAL ADORMECIDA EN TODOS LOS CORAZONES DE LOS SERES, Y ASÍ REGENERAR LA CONSCIENCIA UNA DE NUESTRA EXISTENCIA! AHOW!!! MITAKUYÉ OYAS´IN!!! TOKSA AKE WAACHIANKIN KTELO!
¿Cómo encarar y reaccionar a los problemas en la Nueva Era?
El texto “FELICIDAD REALISTA, de Mario Quintana” define el mayor problema de los tiempos modernos y, lamentablemente, de las personas insensatas y escasas de conciencia de abundancia: ¡LA BUSCA DE LA PERFECCIÓN! ¡Nunca están contentos con aquello qué tienen!!! El que busca la perfección, tiene su ojo calibrado para ver errores, negatividad, y lo que falta. Es desagradecido por concepto, y nunca encuentra paz en su interior.
Dice el texto de Quintana:
”En principio bastaría tener salud, dinero y amor, lo que ya es un paquete loable, pero nuestros deseos son aún más complejos. No basta que uno esté sin fiebre: queremos, además de tener salud, ser flaquísimos, atléticos, irresistibles.
¿Dinero? No basta que tengamos para pagar el alquiler, la comida y el cine: queremos la piscina olímpica y una temporada en un spa cinco estrellas.
¿Y en cuanto al amor? Ah, el amor… no basta tenemos alguien con quien podemos conversar, dividir una pizza y hacer sexo de vez en cuando. Eso es pensar pequeño: queremos AMOR, todo mayúsculo.
Queremos estar profundamente apasionados, queremos ser sorprendidos por declaraciones y regalos inesperados, queremos cena a la luz de velas de lunes a domingo, queremos sexo salvaje y diario, queremos ser felices así y no de otra manera. ¡Es lo que da ver tanta televisión!
Simplemente olvidamos de intentar ser felices de una forma más realista. Tener un compañero constante puede o no, ser sinónimo de dicha. Puedes ser feliz soltero, feliz con unos romances ocasionales, feliz con un compañero, feliz sin ninguno. No existe amor minúsculo, principalmente cuando se trata de amor-propio. Dinero es una bendición. Quien tenga, necesita aprovecharlo, gastarlo, usufructuarlo.
No perder tiempo juntando. Apenas lo suficiente para sentirse seguro, pero no aprisionado. Y se uno tiene poco, es con este poco que va a intentar agarrar la ola, buscando cosas que salgan sin costo, como un poco de humor, un poco de fe y un poco de creatividad.
Ser feliz de una forma realista es hacer lo posible y aceptar lo improbable. Hacer ejercicios físicos sin anhelar pasarelas, trabajar sin desear la fama pública, amar sin querer lo eterno. Mira para el reloj: hora de despertar. Es importante pensarse al extremo, buscar allá adentro lo qué nos moviliza, inspira y provoca, pero sin exigirse deshumanamente. La vida no es un juego donde solo quien lleva el premio frente a sus límites puede ser feliz. No seamos víctimas ingenuas de esta tal competitividad.
Si la meta está alta demás, redúcela. Si tú no estás de acuerdo con las reglas, pide demisión. Inventa tu propio juego. Haz lo que sea necesario para ser feliz.
Pero no te olvides que la dicha es un sentimiento simple, puede encontrarla y dejarla ir, aunque por no percibir su simplicidad puedes perderla. Transmite paz y no sentimientos fuertes, que nos atormentan y provocan inquietud en nuestro corazón.
Eso puede ser pasión, excitación, pero no dicha.
El ser humano, para alcanzar la alegría y dicha, necesita tener el corazón abierto, entrar en contacto con su “yo interior”, con el otro, y no tener miedo de las experiencias dolorosas; vivirlas sin quedar presos a ellas. Aceptar el mundo, lo real, tal como él es y existe.”
El modo de encarar los problemas, y como reaccionamos a ellos es nuestro mayor aliado. ¿Será qué los encaramos de frente esperando siempre lo mejor? Ése es un asunto serio y requiere cada vez más nuestra atención, principalmente si estamos intentando nos liberar de los vicios de la personalidad tridimensional y trillar un camino de otra dimensión.
Es importante identificar lo que saca nuestro equilibrio y, principalmente, observar como hemos reaccionado a esas situaciones. Nos sorprenderemos al observar que nos desequilibramos en verdad, no con los factores externos, pero, principalmente, por la manera como reaccionamos a ellos, interpretamos y sentimos esos acontecimientos. Reaccionamos en la tentativa de mantener el equilibrio, pues reconocemos esas situaciones nuevas como amenazas que nos forzarán a un cambio. Y como vivimos en el paradigma de la “estabilidad”, entonces resistimos.
Pero, ninguna de esas reacciones es característica del hombre de la nueva era de consciencia.
El ser humano del nuevo ciclo, primeramente, promueve una rendición de su ego narciso. Encara de pecho abierto sus problemas, usa su discernimiento, aleja las ilusiones de su ego, pues, sabe que el ego siempre intenta justificar sus actitudes a su favor. Dice “sí” a su espíritu y no a las energías y situaciones negativas, aun cuando ellas hagan doler su corazón, pues un corazón amoroso y afinado con las nuevas energías se entrega al amor y sabe que sin ésta entrega, la alegría es imposible.
El cambio profundo y significativo solo puede ocurrir por medio de una entrega total, una rendición del ego al espíritu, y éste no es complaciente y sí misericordioso. Complacencia saca de nosotros la responsabilidad por nuestros actos y nos coloca en la posición de víctimas. La idea de la entrega es asustadora para la mayoría de las personas, sin embargo, entregarse a la naturaleza divina reduce el dolor y resulta en la agradable sensación de plenitud y libertad.

El símbolo oriental de Kuan-Yin, el amor incondicional, nos inspira a mirar el amor como algo que no pasa por buscar complementar carencias, pero sí, a compartir la abundancia de lo que tenemos de sobra...
El domínio consciente de los sentimientos depende de la percepción consciente de ellos.
Una ocasión, un maestro chamán siberiano, Boghomür Altay Khan me dijo algo que me quedó grabado como lección a aprender: “Conocimiento no utilizado es más peligroso que la ignorancia”.
En la nueva dimensión que se aproxima el ser humano consciente que no asume responsabilidad por sus actos, es considerado cobarde y no merece admiración y sí compasión, pues estará así, postergando su vuelta la fuente de la existencia, Tunkashila.
La llave que abre la entrada para todas las más altas esferas reposa en la sencillez y en la firmeza de nuestra neutralidad y aceptación de nuestro semejante, bien como de nosotros mismos y nuestras situaciones de vida. La neutralidad es ejercida cuando reaccionamos delante de cualquier hecho desarmónico, negándole la verdad.
El amor es el camino de la respuesta a todos estos desafíos, y ciertamente apesar de ser el tema más presente en la vida de todas las personas, ciertamente está en la pauta principal de todos los aspectos a ser desvendados por una nueva consciencia que, en esta realidad emergente, nos invita a todos a repensarnos y a rencontranos con nuestra espiritualidad. Solo un amor inspirado a partir de una fuente elevada, de una visión espiritual de la vida, nos acerca al concepto del amor como tal, en su máxima expresión.